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Carrera empresarial

Cuando solicité otro empleo temporario, en este caso en Arabia Saudita, en lugar de aceptar mi petición mi padre me pidió que lo ayudara a resolver algunos problemas urgentes que el Grupo estaba teniendo en Suiza. No me agradaba demasiado la idea de regresar a casa cuando todavía tenía tanto mundo por conocer, pero no se puede desoír el pedido de ayuda de un padre.

La posición de gerente de ventas de Eternit AG en Niederurnen fue probablemente el verdadero comienzo de mi carrera empresarial. Al año siguiente fui designado CEO, y en 1976 ocupé el lugar de mi padre en la presidencia del holding para el Grupo Eternit Suizo. En 1984, cuando mi padre tomó la decisión de dividir su patrimonio entre sus hijos, me convertí en el dueño del Grupo Eternit, mientras que mi hermano Thomas se hizo cargo del Grupo Holderbank (luego Holcim).

A los 29 años ya era responsable de organizar y controlar un conglomerado de empresas con fábricas en más de veinte países y decenas de miles de empleados, un Grupo gerenciado de manera descentralizada, que operaba exitosamente en muchos mercados.

Cuando comenzó la polémica sobre los potenciales efectos nocivos del polvo de asbesto, el descubrimiento fue un shock para mí en muchos aspectos. Yo mismo había estado expuesto a la inhalación de las fibras de ese material durante mi período de entrenamiento en Brasil, donde acostumbraba a cargar bolsas de asbesto y a verter las fibras en el mezclador, respirando profundamente debido al esfuerzo. Al finalizar cada jornada, a menudo estaba completamente cubierto de polvo blanco.

Era incapaz de determinar por mí mismo el índice real de riesgo que implicaba la fabricación de productos con asbesto-cemento. Nuestros asesores consideraban que los estudios científicos tendientes a probar los efectos perjudiciales de ese material estaban llenos de contradicciones. Por mi parte, percibía que la falta de un claro consenso científico y técnico acerca del asbesto y la inherente impredecibilidad de sus efectos, tornaban imposible cualquier planificación y evaluación de riesgo confiable. Y más allá de estar preocupado por los riesgos para la salud de los empleados de las empresas del Grupo, llegué a la conclusión de que ese no era un negocio muy promisorio para estar metido.

Las compañías del Grupo instalaron en sus fábricas nuevos equipamientos y filtros para reducir al mínimo la concentración de fibras en el aire, e implementaron programas de entrenamiento para el personal a fin de minimizar los riesgos asociados con el asbesto. Además, el Grupo inició investigaciones exhaustivas con el objetivo de desarrollar productos libres de asbesto.

Al mismo tiempo, tomé una decisión radical: sin tener la menor idea de cómo íbamos a implementar el cambio, y anuncié públicamente que el grupo dejaría de fabricar productos que contuvieran asbesto (mucho antes de que la Unión Europea prohibiese su utilización). Recuerdo claramente las palabras de uno de los gerentes técnicos de la planta después de mi anuncio: “¡El joven Schmidheiny está loco! Pretende fabricar productos Eternit sin asbesto. Es como tratar de encontrar agua seca…”.

Tomé la decisión de salir del asbesto, basado en los potenciales problemas humanos y ambientales asociados con el mineral. Pero también consideré que en una época de creciente transparencia, y crecientes preocupaciones por los riesgos de la salud, sería imposible desarrollar y mantener un negocio exitoso basado en el asbesto. Esta observación me impulsó a comenzar a ponderar profundamente las relaciones entre negocios y sociedad. Fue un período doloroso, pero fue una invaluable preparación para mi posterior posición de liderazgo en negocios y asuntos sociales.

Diez duros años

Atravesamos momentos extremadamente difíciles. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, estaba cada vez más convencido de haber tomado la decisión correcta.

La familia Schmidheiny había vivido siempre discretamente, lejos de la exposición pública. De pronto, me encontraba en las primeras planas de los periódicos, vinculado con los efectos perjudiciales del asbesto, los mismos efectos de los cuales estaba tratando de proteger a la sociedad, a las compañías del Grupo y a sus empleados. Esto resultó muy difícil, no sólo para mí sino también para mi familia y mis amigos.

Cuando miro hacia atrás y tomo en cuenta el conocimiento que tenemos hoy de las muchas víctimas trágicas del asbesto, me siento orgulloso de las medidas tomadas por las compañías del Grupo para proteger a los trabajadores contra los riesgos del asbesto y me consuela haberme mantenido firme en la decisión de terminar con la utilización de ese material, a pesar de la incertidumbre y de la resistencia de la industria y dentro de nuestro propio Grupo. Tal como sabemos actualmente, las enfermedades causadas por el asbesto se manifiestan recién transcurridos muchos años -incluso décadas después- de haber estado expuesto a las fibras. Esta es una situación profundamente deplorable, considerando que ni los gobiernos ni otros miembros de la industria reconocieron las implicancias del problema, ni tomaron durante mucho tiempo las medidas de protección necesarias.

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