
Mis actividades, tanto en el ámbito empresarial como en el filantrópico, estaban orientadas a crear valor económico y social. Cuando incursioné en el mundo de los negocios pretendí crear riqueza económica. Pero al mismo tiempo estuve interesado en crear riqueza para la sociedad, especialmente para aquellos que están más necesitados, y también en salvaguardar las opciones para las generaciones futuras de la mejor forma posible. Y no veo estos objetivos como incompatibles o excluyentes.
En todas estas actividades están presentes mis valores personales. Y hay uno central, que sustenta a todos los demás, que es la dignidad humana. Esto implica respeto por el individuo y el compromiso de hacer posible la satisfacción de sus necesidades materiales y espirituales, lo cual sólo puede ser logrado creando oportunidades para todos.
En este sentido, considero que el desarrollo sostenible es una opción viable para revalorizar la dignidad humana, y también que, para iniciar este proceso de cambio, son necesarios líderes con una visión y proyectos sustentados por fuertes valores éticos y morales. Por eso estoy comprometido con facilitar el acceso a las oportunidades a todos aquellos que poseen iniciativa y empuje, y la capacidad de motivar a otros para sumarse y coordinar esfuerzos. Soy consciente de que en el largo plazo esto redundará en beneficio de toda la sociedad y en el mío propio, y en pos de este objetivo vale la pena invertir y vale la pena trabajar cada día.